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	<description>Una mujer al borde de un ataque de nervios... o de pánico...</description>
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		<title>Aviso</title>
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		<pubDate>Tue, 16 Nov 2010 22:23:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Tita</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[Nueva sede: Más loca que una cabra Los espero!<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=titadixit.wordpress.com&amp;blog=1266701&amp;post=577&amp;subd=titadixit&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h1 style="text-align:center;">Nueva sede:</h1>
<h2 style="text-align:center;"><strong><a href="http://maslocaqueunacabra.wordpress.com/" target="_self">Más loca que una cabra</a></strong></h2>
<h1 style="text-align:center;"><strong>Los espero!</strong></h1>
<br />  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/titadixit.wordpress.com/577/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/titadixit.wordpress.com/577/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/titadixit.wordpress.com/577/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/titadixit.wordpress.com/577/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gofacebook/titadixit.wordpress.com/577/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/facebook/titadixit.wordpress.com/577/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gotwitter/titadixit.wordpress.com/577/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/twitter/titadixit.wordpress.com/577/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/titadixit.wordpress.com/577/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/titadixit.wordpress.com/577/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/titadixit.wordpress.com/577/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/titadixit.wordpress.com/577/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/titadixit.wordpress.com/577/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/titadixit.wordpress.com/577/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=titadixit.wordpress.com&amp;blog=1266701&amp;post=577&amp;subd=titadixit&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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		<title>La misteriosa figura del lector</title>
		<link>http://titadixit.wordpress.com/2010/03/05/las-misteriosa-figura-del-lector/</link>
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		<pubDate>Fri, 05 Mar 2010 21:57:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Tita</dc:creator>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[Palabras ajenas]]></category>

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		<description><![CDATA[Fuente:  Revista Ñ por Matías Serra No dejan de asombrar las atenciones y cum­plidos que reciben escritores de toda laya, sabiendo que un lector es mil veces más misterioso –menos evidente– que un autor. De un lector no quedan huellas, o son muy te­nues: un nombre, un balneario y una fecha en la primera hoja [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=titadixit.wordpress.com&amp;blog=1266701&amp;post=528&amp;subd=titadixit&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Fuente:  <a href="http://www.revistaenie.clarin.com/notas/2010/03/03/_-02151712.htm" target="_blank">Revista Ñ</a></p>
<p>por Matías Serra</p>
<p>No dejan de asombrar las atenciones y cum­plidos que reciben escritores de toda laya, sabiendo que un lector es mil veces más misterioso –menos evidente– que un autor.</p>
<p>De un lector no quedan huellas, o son muy te­nues: un nombre, un balneario y una fecha en la primera hoja del libro, algunos subrayados arbitra­rios, apuntes en las páginas de cortesía. Pero para conocer a un lector no basta con enterarse qué libro ha leído, ni basta con dos o diez; hace falta un ras­treo de vaivenes y virajes durante años, husmear las particularidades de la constelación que consiguió armar. Entonces, sí, habría &#8220;obra&#8221; en un lector: la biblioteca personal. En esos estantes se gesta la au­tobiografía, redactada por otros, de un lector, y la tarea que exige montar una biblioteca y cultivarla es de una sofisticación semejante a la de un escritor que trabaja en pos de una trama.</p>
<p>En un lector –cuando oímos esta palabra se da por sobreentendido que se trata de un lector de literatura– interviene la formación de un gusto, que se nutre, precisamente, de los ecos que se originan en la cámara secreta de su biblioteca, el modo en que un libro o un autor conducen a otro, y otro y otro.</p>
<p>En un escritor, en el mejor de los casos, hay un perfeccionamiento técnico; el gusto parece estar definido de antemano y a perpetuidad, por facto­res que están dentro y fuera de lo estrictamente literario.</p>
<p>Es por demás enigmático el personaje que se construye un lector, la imagen que proyecta de sí mismo, dentro y fuera de su biblioteca. (Es mucho lo que se decide antes y alrededor de un libro, y no en él.)</p>
<p>En un escritor, si es mediocre, lo que escribe es su peor autorretrato. Los libros que se publican son una sucesión de fracasos; los que se leen pueden volverse refugios, rescates.</p>
<p>Hay otras comparaciones posibles entre lecto­res y escritores, que desfavorecen a estos últimos una y otra vez. Lo confirma el hecho de que los libros más interesantes –más duraderos– de mu­chos narradores (J.M. Coetzee y Martin Amis, por poner ejemplos actuales) son aquellos en los que se muestran con atuendo de lectores y resultan mejores críticos que novelistas. Fue un lector, en definitiva, oficiando de lector y llevando ese papel hasta el límite, el que refundó la literatura en el siglo XX: Borges.</p>
<p>Es una rara, interminable investigación la que emprende un lector a lo largo de su vida. &#8220;Ese mi­lagro de la vida múltiple&#8221;, anotaba Cristina Campo, &#8220;que a fin de cuentas no es otra cosa que la felici­dad a la que aspira el lector&#8221;. Este no sólo vive todas las biografías que quiere sino que puede ser –en potencia, en su fantasía– todos los escritores que quiere; un autor, en cambio, escribe lo que puede. En un mismo lector, las reacciones y reinvenciones varían al infinito. Un escritor es sólo parecido a sí mismo, irreversiblemente. No convendría, tampo­co, subestimar el poder del recelo de un lector, su indomable sentido de propiedad. De allí que con no poca frecuencia calle sus lecturas y que, al con­trario de la mayoría de los escritores, intente pasar desapercibido.</p>
<p>El enigma del tiempo corre para todos, pero sobre todo para lectores maniáticos: ¿habrá lugar para leer esto y aquello, y esto otro? Y así sucesiva­mente. Secretamente, un lector cree en una vida más larga a medida que obtiene los libros que jura necesitar, o aquellos que considera ideales. Acaso de la falta de tiempo provenga lo que a veces un lector termina por anhelar: sacarse un nombre de encima, dar a un autor por visto, borrarlo. Tal vez el tiempo conjure contra las segundas lecturas, re­huidas, además, por el temor a embarcarse hacia una gran decepción. Un lector de esa estirpe no es sino extremadamente supersticioso, por momentos entregado a la creencia de que mientras lea sucede­rán cosas (fuera del libro) sólo si sigue leyendo. Si un lector así encuentra y acopia tantos libros –esos y no otros– es porque cree en algo (en algo, sobre todo, para sí mismo). No es extraño que a menu­do sienta que ha pasado treinta años leyendo para aprender a leer, para empezar a leer.</p>
<p>Uno de los acontecimientos más usuales y mis­teriosos es que alguien, como se da en la genera­lidad de los casos, deje de leer tan temprano. El motivo por el que una persona, casi por distrac­ción, abandona una herramienta preciosa que lo cautivó durante los primeros años, perdura como una incógnita insondable. Estamos rodeados de lectores-Rimbaud, que han abandonado la lectura poco antes de los veinte años para después consa­grarle su tiempo al tráfico de armas: la televisión escandalosa, el cine catástrofe, los mensajes de texto, el celular recargable. Curiosamente, a veces la deserción es efecto del sismo que producen los buenos libros, de la amenaza de &#8220;los grandes li­bros&#8221;: el caso del lector, digamos, que intentó con Kafka o Paradiso de Lezama Lima, lo abandonó por hastío y creyó que la vida de &#8220;la verdadera lite­ratura&#8221; le estaba vedada para siempre. Se conocen las consecuencias manifiestas de la lectura, en el Quijote o Madame Bovary . Lo que se desconoce son las secuelas y las derivaciones de la lectura en el común de los mortales, y lo que es imposible de explicar es una adicción que no se parece a ningu­na: la de estar constitutivamente imposibilitado de renunciar a la cacería de libros.</p>
<p>Hay antecedentes notables de plumas que bus­caron ahondar y dilucidar diversas vetas de la ma­teria: Borges, Blanchot, Barthes, y más acá Alberto Manguel y Ricardo Piglia. Pero nada va a superar, como retrato de dos lectores y sus destinos cruza­dos, el Borges de Adolfo Bioy Casares.</p>
<p>La lectura es el último lugar privado. Se pue­den contar sus síntomas y fenómenos exteriores, pero el castillo íntimo de la lectura –ese momento de silencio agazapado entre un animal y su pre­sa– permanecerá inaccesible hasta el fin de los tiempos. A riesgo de plasmar una acrobacia retó­rica impostada, podría confesar lo siguiente: me interesa más saber quién es el otro (por eso leo todo lo que puedo) que saber quién soy (por eso escribo lo menos posible).</p>
<br />  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/titadixit.wordpress.com/528/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/titadixit.wordpress.com/528/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/titadixit.wordpress.com/528/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/titadixit.wordpress.com/528/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gofacebook/titadixit.wordpress.com/528/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/facebook/titadixit.wordpress.com/528/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gotwitter/titadixit.wordpress.com/528/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/twitter/titadixit.wordpress.com/528/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/titadixit.wordpress.com/528/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/titadixit.wordpress.com/528/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/titadixit.wordpress.com/528/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/titadixit.wordpress.com/528/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/titadixit.wordpress.com/528/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/titadixit.wordpress.com/528/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=titadixit.wordpress.com&amp;blog=1266701&amp;post=528&amp;subd=titadixit&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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		<title>El Cuento del Día</title>
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		<pubDate>Sat, 09 Jan 2010 05:54:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Tita</dc:creator>
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		<description><![CDATA[El Cuento del Día es un proyecto vía Facebook, en el que me acompañan los  amigos de Diosgalón, LaGlorybox y Dame Bola. La idea es simple: un cuento por día en tu muro facebookeano, entre frases de Arjona y tu foto diaria (?), aplicaciones a las que le hacemos la guerra. No estaría mal que [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=titadixit.wordpress.com&amp;blog=1266701&amp;post=519&amp;subd=titadixit&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align:center;"><img class="aligncenter" title="El Cuento del Día" src="http://photos-c.ak.fbcdn.net/hphotos-ak-snc1/hs214.snc1/8120_155630216525_148965811525_3355726_4228752_n.jpg" alt="" width="318" height="244" />El Cuento del Día es un proyecto vía Facebook, en el que me acompañan los  amigos de <a href="http://www.diosgalon.com.ar" target="_blank">Diosgalón</a>, <a href="http://laglorybox.wordpress.com" target="_blank">LaGlorybox</a> y <a href="http://damebola.blogspot.com" target="_blank">Dame Bola</a>. La idea es simple: un cuento por día en tu muro facebookeano, entre frases de Arjona y tu foto diaria (?), aplicaciones a las que le hacemos la guerra. No estaría mal que por lo menos te asomes a ver qué onda&#8230; entrá con tu cuenta de facebook por <a href="http://http://www.facebook.com/pages/El-cuento-del-dia/148965811525" target="_blank">acá</a>&#8230;</p>
<p style="text-align:center;"><img class="aligncenter" title="Concurso" src="http://photos-h.ak.fbcdn.net/hphotos-ak-snc1/hs234.snc1/8120_155693046525_148965811525_3356394_4206264_n.jpg" alt="" width="454" height="340" /></p>
<p>Pero no nos quedamos con eso solo, hace poco realizamos el Primer Concurso Literario el Cuento del Día y ya publicamos a las ganadoras, y -como si todo esto fuera poco- a partir del viernes 15/01/10 (y los viernes siguientes) el Cuento del Día se agranda al presentar La Pascualita, una maravillosa novelita de nuestro amigo <a href="http://damebola.blogspot.com/" target="_blank">David Rojas</a>.</p>
<blockquote>
<p style="text-align:center;"><em>La vida de Alicia Pascual -La Pascualita- esta signada por el azar.<br />
La Pascualita tuvo una infancia normal: sus compañeros de escuela la tomaban de punto, nunca se llevó bien con su madre que la vestía ridiculamente y fue marcada a fuego por las adicciones de su padre quien la abandonó muy pronto.<br />
Hoy La Pascualita es una mujer que no deja de buscar la felicidad, aunque se le vaya la vida en eso.<br />
No se pierda a La Pascualita en un trepidante viaje en busca del amor de Buitrón en esta emocionante &#8220;rail aventure&#8221;.</em></p>
</blockquote>
<p style="text-align:center;"><img class="aligncenter" title="La Pascualita" src="http://photos-c.ak.fbcdn.net/hphotos-ak-snc3/hs174.snc3/20156_245962906525_148965811525_3963468_5900429_n.jpg" alt="No te la pierdas!" width="406" height="602" /></p>
<h2 style="text-align:center;">¡No te la pierdas!</h2>
<br />  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/titadixit.wordpress.com/519/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/titadixit.wordpress.com/519/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/titadixit.wordpress.com/519/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/titadixit.wordpress.com/519/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gofacebook/titadixit.wordpress.com/519/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/facebook/titadixit.wordpress.com/519/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gotwitter/titadixit.wordpress.com/519/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/twitter/titadixit.wordpress.com/519/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/titadixit.wordpress.com/519/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/titadixit.wordpress.com/519/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/titadixit.wordpress.com/519/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/titadixit.wordpress.com/519/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/titadixit.wordpress.com/519/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/titadixit.wordpress.com/519/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=titadixit.wordpress.com&amp;blog=1266701&amp;post=519&amp;subd=titadixit&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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			<media:title type="html">Concurso</media:title>
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		<title>Fragmentario &#8211; El amante de Marguerite Duras</title>
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		<pubDate>Sun, 03 Jan 2010 18:43:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Tita</dc:creator>
				<category><![CDATA[Fragmentario]]></category>
		<category><![CDATA[Palabras ajenas]]></category>
		<category><![CDATA[El amante]]></category>
		<category><![CDATA[Fragmento]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Marguerite Duras]]></category>
		<category><![CDATA[Novela]]></category>

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		<description><![CDATA[La historia de mi vida no existe. Eso no existe. Nunca hay centro. Ni camino, ni línea. Hay vastos pasajes donde se insinúa que alguien hubo, no es cierto, no hubo nadie. Ya he escrito, más o menos, la historia de una reducida parte de mi juventud, en fin, quiero decir que la he dejado [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=titadixit.wordpress.com&amp;blog=1266701&amp;post=503&amp;subd=titadixit&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>La historia de mi vida no existe. Eso no existe. Nunca hay centro. Ni camino, ni línea. Hay vastos pasajes donde se insinúa que alguien hubo, no es cierto, no hubo nadie. Ya he escrito, más o menos, la historia de una reducida parte de mi juventud, en fin, quiero decir que la he dejado entrever, me refiero precisamente a ésta, la de la travesía del río. Con anterioridad, he hablado de los períodos claros, de los que estaban clarificados. Aquí hablo de los períodos ocultos de esa misma juventud, de ciertos ocultamientos a los que he sometido ciertos hechos, ciertos sentimientos, ciertos sucesos. Empecé a escribir en un medio que predisponía exageradamente al pudor. Escribir para ellos aún era un acto moral. Escribir, ahora, se diría que la mayor parte de las veces ya no es nada. A veces sé eso: que desde el momento en que no es, cada vez, confundiendo las cosas en una sola incalificable por esencia, escribir no es más que publicidad. Pero por lo general no opino, sé que todos los campos están abiertos, que no surgirá ningún obstáculo, que lo escrito ya no sabrá dónde meterse para esconderse, hacerse, leerse, que su inconveniencia fundamental ya no será respetada, pero no lo pienso de antemano.</p>
<p>Fragmento de El amante de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Marguerite_Duras" target="_blank">Marguerite Duras</a></p></blockquote>
<br />  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/titadixit.wordpress.com/503/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/titadixit.wordpress.com/503/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/titadixit.wordpress.com/503/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/titadixit.wordpress.com/503/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gofacebook/titadixit.wordpress.com/503/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/facebook/titadixit.wordpress.com/503/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gotwitter/titadixit.wordpress.com/503/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/twitter/titadixit.wordpress.com/503/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/titadixit.wordpress.com/503/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/titadixit.wordpress.com/503/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/titadixit.wordpress.com/503/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/titadixit.wordpress.com/503/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/titadixit.wordpress.com/503/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/titadixit.wordpress.com/503/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=titadixit.wordpress.com&amp;blog=1266701&amp;post=503&amp;subd=titadixit&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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	</item>
		<item>
		<title>Fragmentario &#8211; La Señora Dalloway de Virginia Woolf</title>
		<link>http://titadixit.wordpress.com/2010/01/03/fragmentario-la-senora-dalloway-de-virginia-woolf/</link>
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		<pubDate>Sun, 03 Jan 2010 18:40:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Tita</dc:creator>
				<category><![CDATA[Fragmentario]]></category>
		<category><![CDATA[Palabras ajenas]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Señora Dalloway]]></category>
		<category><![CDATA[Virginia Woolf]]></category>

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		<description><![CDATA[Los hombres no deben cortar los árboles. Hay Dios. (Septimus anotaba estas revelaciones al dorso de sobres.) Cambia el mundo. Nadie mata por odio. Hazlo saber (lo escribió). Esperó. Escuchó. Un gorrión, encaramado en la barandilla ante él, pió Septimus, Septimus, cuatro o cinco veces, y siguió emitiendo notas para cantar con lozanía y penetración, [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=titadixit.wordpress.com&amp;blog=1266701&amp;post=501&amp;subd=titadixit&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>Los hombres no deben cortar los árboles. Hay Dios. (Septimus anotaba estas revelaciones al dorso de sobres.) Cambia el mundo. Nadie mata por odio. Hazlo saber (lo escribió). Esperó. Escuchó. Un gorrión, encaramado en la barandilla ante él, pió Septimus, Septimus, cuatro o cinco veces, y siguió emitiendo notas para cantar con lozanía y penetración, en griego, que el crimen no existe, y se le unió otro gorrión, y ambos cantaron en voces prolongadas y penetrantes, en griego, en los árboles del valle de la vida, más allá del río por el que los muertos caminan, que la muerte no existe.</p>
<p>&#8230;</p>
<p>Pero él seguía alto, sobre la roca, como un marinero ahogado sobre una roca. Me incliné sobre la borda de la barca y me caí, pensó. Me fui al fondo del mar. He estado muerto, y sin embargo ahora estoy vivo, pero dejadme descansar en paz, suplicó (volvía a hablar para sí, ¡era horrible, horrible!); y, tal como ocurre antes de despertar, las voces de los pájaros y el sonido de las ruedas cantan y suenan en una extraña armonía, y adquieren más y más fuerza, y el durmiente siente que es arrastrado hacia las playas de la vida, y de esta manera sintió Septimus que era arrastrado hacia la vida, que se hacía más cálida la luz del sol, que sonaba con más fuerza los gritos, y algo tremendo, algo horrible, estaba a punto de ocurrir.</p>
<p>&#8230;</p>
<p>Decía que debía tener un hijo como Septimus. Pero nadie podía ser como Septimus; tan dulce, tan serio, tan inteligente. ¿Por qué no podía ella leer también a Shakespeare? ¿Era Shakespeare un autor difícil?, preguntaba Rezia. Uno no puede traer hijos a un mundo como este. Uno no puede perpetuar el sufrimiento, ni aumentar la raza de estos lujuriosos animales, que no tienen emociones duraderas, sino tan solo caprichos y vanidades que ahora les llevan hacia un lado, y luego hacia otro.</p>
<p>&#8230;</p>
<p>Miraba como Rezia manejaba las tijeras, daba forma, cual se contempla a un pájaro picotear y saltar en el césped, sin atreverse a mover ni un dedo. Porque la verdad es (dejemos que Rezia lo ignore) que los seres humanos carecen de bondad, de fe, de caridad, salvo en lo que sirve para aumentar el placer del momento. Cazan en jauría. las jaurías recorren el desierto, y chillando desaparecen en la selva. Abandonan los caídos. Llevan una máscara de muecas.</p>
<p><em>Fragmentos de La Señora Dalloway de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Virginia_Woolf" target="_blank">Virginia Woolf</a></em></p></blockquote>
<br />  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/titadixit.wordpress.com/501/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/titadixit.wordpress.com/501/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/titadixit.wordpress.com/501/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/titadixit.wordpress.com/501/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gofacebook/titadixit.wordpress.com/501/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/facebook/titadixit.wordpress.com/501/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gotwitter/titadixit.wordpress.com/501/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/twitter/titadixit.wordpress.com/501/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/titadixit.wordpress.com/501/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/titadixit.wordpress.com/501/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/titadixit.wordpress.com/501/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/titadixit.wordpress.com/501/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/titadixit.wordpress.com/501/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/titadixit.wordpress.com/501/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=titadixit.wordpress.com&amp;blog=1266701&amp;post=501&amp;subd=titadixit&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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		<title>Leonora Carrington &#8211; El enamorado</title>
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		<pubDate>Sun, 03 Jan 2010 03:21:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Tita</dc:creator>
				<category><![CDATA[El Cuento del Día]]></category>
		<category><![CDATA[Palabras ajenas]]></category>
		<category><![CDATA[Aldo Pellegrini]]></category>
		<category><![CDATA[Antología de la poesía surrealista]]></category>
		<category><![CDATA[Cuento]]></category>
		<category><![CDATA[Cuento del día]]></category>
		<category><![CDATA[Editorial Argonauta]]></category>
		<category><![CDATA[Leonora Carrington]]></category>
		<category><![CDATA[Surrealismo]]></category>

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		<description><![CDATA[Paseando al anochecer por una callejuela, hurté un melón. El frutero, que estaba escondido detrás de sus frutas, me atrapó por el brazo: “Señorita, me dijo, hace cuarenta años que espero una ocasión como ésta. Cuarenta años que me la paso escondido detrás de esta pila de naranjas con la esperanza de que alguien me [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=titadixit.wordpress.com&amp;blog=1266701&amp;post=440&amp;subd=titadixit&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft" src="http://onirismos.files.wordpress.com/2007/10/leonoracarringtonlaberinto.jpg?w=420&#038;h=348" alt="" width="420" height="348" />Paseando al anochecer por una callejuela, hurté un melón. El frutero, que estaba escondido detrás de sus frutas, me atrapó por el brazo: “Señorita, me dijo, hace cuarenta años que espero una ocasión como ésta. Cuarenta años que me la paso escondido detrás de esta pila de naranjas con la esperanza de que alguien me arrebate una fruta. Y le digo por qué: necesito hablar, necesito contar mi historia. Si usted no me escucha, la entregaré a la policía.”</p>
<p>“Le escucho”, dije yo.</p>
<p>Me tomó del brazo y me llevó al interior de su tienda entre frutas y legumbres. Pasamos por una puerta, al fondo, y llegamos a un cuarto. Había allí un lecho en el que hacía una mujer inmóvil y probablemente muerta. Me pareció que debía estar allí desde hacía mucho tiempo pues el lecho estaba todo cubierto de hierbas crecidas. “Lo riego todos lo días”, dijo el frutero con aire pensativo.</p>
<p>“En cuarenta años nunca he llegado a saber si estaba muerta o no. Nunca se ha movido, ni hablado, ni comido durante ese lapso; pero lo curioso es que sigue estando caliente. Si usted no me cree, mire”. Y entonces levantó un ángulo de la cobija, lo que me permitió ver muchos huevos y algunos polluelos recién nacidos. “Usted ve, es el modo que utilizo para incubar los huevos (también vendo huevos frescos)”.</p>
<p>Nos sentamos a cada lado del lecho y el frutero comenzó a hablar: “La quiero tanto, créame. La he querido siempre. Era tan dulce. Tenía unos piesecitos ágiles y blancos. ¿Quiere usted verlos?” “No”, dije yo.</p>
<p>“En fin”, continuó diciendo con un profundo suspiro, “era tan hermosa. Yo tenía cabellos rubios, ella hermosos cabellos negros (ahora, los dos tenemos cabellos blancos). Su padre era un hombre extraordinario. Tenía una gran casa en el campo. Se dedicaba a coleccionar costillas de cordero. Por ese motivo llegamos a conocernos. Yo tengo una especialidad: sé desecar la carne con la mirada. El señor Pushfoot (ése era su nombre) oyó hablar de mí. Me invitó a su casa para desecar sus costillas a fin de que no se pudrieran. Agnes era su hija. Fue un amor a primera vista. Partimos juntos en barco por el Sena. Yo remaba. Agnes me hablaba así: “Te quiero tanto que vivo sólo para ti”. Y yo le decía lo mismo. Creo que es mi amor lo que la mantiene cálida; quizás está muerta, pero el calor persiste”. – “El año próximo”, prosiguió con la mirada perdida, “sembraré algunos tomates; no me asombraría que se desarrollaran bien allí dentro.” – “Caía la noche y no se me ocurría dónde pasar nuestra primera noche de bodas; Agnes se había vuelto pálida, muy pálida por la fatiga. Finalmente, apenas salimos de París, vi una cantina que daba sobre la orilla. Aseguré el barco y penetramos por la galería negra y siniestra. Había allí dos lobos y un zorro que se paseaban a nuestro alrededor. No había nadie más”.</p>
<p>“Llamé, llamé a la puerta que encerraba un terrible silencio. “Agnes está muy fatigada, Agnes está muy fatigada”, gritaba yo lo más fuerte que podía. Finalmente una vieja cabeza se asomó por la ventana y dijo: “No sé nada. Aquí el patrón es el zorro. Déjeme dormir: usted me fastidia.” Agnes se puso a llorar. No quedaba otro remedio: tenía que dirigirme al zorro. “¿Tiene usted camas?” le pregunté varias veces. No respondió nada: no sabía hablar. Y de nuevo la cabeza, más vieja que antes, que desciende suavemente desde la ventana, atada a un cordoncito: “Diríjase a los lobos; yo no soy el patrón aquí. Déjeme dormir, por favor”. Acabé por comprender que esa cabeza estaba loca y que no tenía sentido continuar. Agnes seguía llorando. Di varias vueltas alrededor de la casa y al fin pude abrir una ventana por la que entramos. Nos encontramos entonces en una cocina alta; sobre un gran horno enrojecido por el fuego había unas legumbres que se cocían solas y saltaban por sí mismas en el agua hirviendo; ese juego las divertía mucho. Comimos bien y después nos acostamos sobre el piso. Yo tenía a Agnes en mis brazos. No pudimos dormir ni un minuto. Esa terrible cocina contenía toda clase de cosas. Una enorme cantidad de ratas se había asomado al borde exterior de sus agujeros, y cantaban con vocecitas aflautadas y desagradables. Había olores inmundos que se inflaban y desinflaban uno tras otro, y corrientes de aire. Creo que fueron las corrientes de aire las que acabaron con mi pobre Agnes. Ya nunca más se recobró. Desde ese día habló cada vez menos”.</p>
<p>Y el frutero estaba tan cegado por las lágrimas que no tuve dificultad en escaparme con mi melón.</p>
<p><em>Tomado de <a href="http://www.tematika.com/libros/ficcion_y_literatura--1/poesia--5/antologia_de_la_poesia_surrealista_de_lengua_francesa--436021.htm" target="_blank">“Antología de la poesía surrealista”. Aldo Pellegrini (Editorial Argonauta), </a>Barcelona-Buenos Aires, 1981</em></p>
<p>Traducción de Aldo Pellegrini del libro de Leonora Carrington “La Dame Ovale” (1939, París)</p>
<p><a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Leonora_Carrington" target="_blank">Leonora Carrington</a></p>
<div>¿Querés leer más cuentos? Muy fácil, entrá al <a href="http://www.facebook.com/pages/El-cuento-del-dia/148965811525" target="_blank">Cuento del Día</a></div>
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		<title>Fragmentario &#8211; Fahrenheit 451 de Ray Bradbury</title>
		<link>http://titadixit.wordpress.com/2010/01/02/fragmentario-fahreheit-451-de-ray-bradbury/</link>
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		<pubDate>Sat, 02 Jan 2010 22:34:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Tita</dc:creator>
				<category><![CDATA[Fragmentario]]></category>
		<category><![CDATA[Palabras ajenas]]></category>
		<category><![CDATA[Ciencia Ficción]]></category>
		<category><![CDATA[Fahrenheit 451]]></category>
		<category><![CDATA[Fragmentos]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Novela]]></category>
		<category><![CDATA[Ray Bradbury]]></category>

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		<description><![CDATA[¡Ea! Un libro es un arma cargada en la casa de al lado. Quémalo. Quita el proyectil del arma. Domina la mente del hombre. ¿Quién sabe cuál podría ser el objetivo del hombre que leyese mucho? ¿Yo? No los resistiría ni un minuto. &#8230; - Había una muchacha, ahí, al lado &#8211; dijo con lentitud [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=titadixit.wordpress.com&amp;blog=1266701&amp;post=431&amp;subd=titadixit&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>¡Ea! Un libro es un arma cargada en la casa de al lado. Quémalo. Quita el proyectil del arma. Domina la mente del hombre. ¿Quién sabe cuál podría ser el objetivo del hombre que leyese mucho? ¿Yo? No los resistiría ni un minuto.</p>
<p>&#8230;</p>
<p>- Había una muchacha, ahí, al lado &#8211; dijo con lentitud -. Ahora, se ha marchado, creo que ha muerto. Ni siquiera puedo recordar su rostro. Pero era distinta. ¿Cómo&#8230; cómo pudo<em> llegar</em> a existir?<br />
Beatty sonrió.<br />
- Aquí o allá, es fatal que ocurra. ¿Clarisse McClellan? tenemos ficha de toda su familia, Les hemos vigilado cuidadosamente. La herencia y el medio ambiente hogareño pueden deshacer mucho de lo que se inculca en el colegio. Por eso hemos ido bajando, año tras año, la edad de ingresar al parvulario, hasta que, ahora, casi arrancamos a los pequeños de la cuna. Tuvimos varias falsas alarmas con los McClellan, vuando vivían en Chicago. Nunca les encontramos un libro. El tío tiene un historial confuso, es antisocial. ¿La muchacha? Es una bomba de relojería. La familia había estado influyendo en su subconciente, estoy seguro, por lo que pude ver en su historial escolar. Ella no quería saber cómo se hacía algo sino <em>por qué</em>. Esto puede resultar embarazoso. Se pregunta el porqué de una serie de cosas y se termina sintiéndose muy desdichado. Lo mejor que podía pasarle a la pobre chica era morirse.<br />
- Sí, morirse.<br />
- Afortunadamente, los casos extremos como ella no aparecen a menudo. Sabemos cómo eliminarlos en embrión. No se puede construir una casa sin clavos en la madera. Si no quieres que un hombre se sienta políticamente desgraciado, no le enseñes dos aspectos de una misma cuestión, para preocuparle; enseñale sólo uno. O, mejor aún, no le des ninguno. Haz que olvide que existe una cosa llamada guerra. Si el Gobierno es poco eficiente, excesivamente intelectual o aficionado a aumentar los impuestos, mejor es que sea todo eso que no que la gente se preocupe por ello. Tranquilidad, Montag. Dale a la gente concursos que puedan ganar recordando la letra de las canciones más populares, o los nombres de las capitales de Estado o cuánto maiz produjo Iowa el año pasado. Atibórralo de datos no combustibles, lánzales encima tantos &#8220;hechos&#8221; que se sientan abrumados, pero totalmente al día en cuanto a información. Entonces, tendran la sensación de que piensan, tendrán la impresión de que se mueven sin moverse. Y serán felices, porque los hechos de esta naturaleza no cambian. No les des ninguna materia delicada como Filosofía o Sociología para que empiecen a atar cabos. Por ese camino se encuentra la melancolía. Cualquier hombre que pueda desmontar un mural de televisión y volver a armarlo luego, y, en la actualidad, la mayoría de los hombres pueden hacerlo, es más feliz que cualquier otro que trate de medir, calibrar y sopesar el Universo, que no puede ser medido ni sopesado sin que un hombre se sienta bestial y solitario. Lo sé, lo he intentado. ¡Al diablo con ello! Así, pues, adelante con los clubs y las fiestas, los acróbatas y los prestidigitadores, los coches a reacción, las bicicletas, helicópteros, el sexo y las drogas, más de todo lo que esté relacionado con los reflejos automáticos. Si el drama es malo, si la película no dice nada, si la comedia carece de sentido, dame una inyección de teramina. Me parecerá que reacciono con la obra, cuando sólo se trata de una reacción táctil a las vibraciones. Pero no me importa, Prefiero un entretenimiento completo.</p>
<p>Fragmento de Fehrenheit 451 de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Ray_Bradbury" target="_blank">Ray Bradbury</a></p></blockquote>
<br />  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/titadixit.wordpress.com/431/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/titadixit.wordpress.com/431/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/titadixit.wordpress.com/431/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/titadixit.wordpress.com/431/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gofacebook/titadixit.wordpress.com/431/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/facebook/titadixit.wordpress.com/431/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gotwitter/titadixit.wordpress.com/431/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/twitter/titadixit.wordpress.com/431/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/titadixit.wordpress.com/431/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/titadixit.wordpress.com/431/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/titadixit.wordpress.com/431/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/titadixit.wordpress.com/431/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/titadixit.wordpress.com/431/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/titadixit.wordpress.com/431/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=titadixit.wordpress.com&amp;blog=1266701&amp;post=431&amp;subd=titadixit&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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		<title>Wanna be a member? Bimbo&#8217;s Initiation &#8211; 1931</title>
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		<pubDate>Sat, 02 Jan 2010 02:14:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Tita</dc:creator>
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		<description><![CDATA[La eterna flapper girl Betty Boop en La iniciación de Bimbo, caricatura de 1931 Swing you sinners! de 1930 con Bimbo Maravillosa música, animaciones surreales&#8230;<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=titadixit.wordpress.com&amp;blog=1266701&amp;post=422&amp;subd=titadixit&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La eterna flapper girl Betty Boop en La iniciación de Bimbo, caricatura de 1931<br />
<span style="text-align:center; display: block;"><a href="http://titadixit.wordpress.com/2010/01/02/wanna-be-a-member-bimbos-initiation-1931/"><img src="http://img.youtube.com/vi/TsnIyP31TCM/2.jpg" alt="" /></a></span></p>
<p><span id="more-422"></span><br />
Swing you sinners! de 1930 con Bimbo</p>
<p><span style="text-align:center; display: block;"><a href="http://titadixit.wordpress.com/2010/01/02/wanna-be-a-member-bimbos-initiation-1931/"><img src="http://img.youtube.com/vi/8b8isnhYMjg/2.jpg" alt="" /></a></span><br />
Maravillosa música, animaciones surreales&#8230;</p>
<br />  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/titadixit.wordpress.com/422/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/titadixit.wordpress.com/422/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/titadixit.wordpress.com/422/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/titadixit.wordpress.com/422/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gofacebook/titadixit.wordpress.com/422/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/facebook/titadixit.wordpress.com/422/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gotwitter/titadixit.wordpress.com/422/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/twitter/titadixit.wordpress.com/422/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/titadixit.wordpress.com/422/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/titadixit.wordpress.com/422/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/titadixit.wordpress.com/422/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/titadixit.wordpress.com/422/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/titadixit.wordpress.com/422/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/titadixit.wordpress.com/422/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=titadixit.wordpress.com&amp;blog=1266701&amp;post=422&amp;subd=titadixit&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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		<title>El tiempo está loco, loco</title>
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		<pubDate>Sun, 13 Dec 2009 05:44:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Tita</dc:creator>
				<category><![CDATA[Divagando]]></category>
		<category><![CDATA[Humor]]></category>
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		<category><![CDATA[Alfredo Casero]]></category>
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		<category><![CDATA[Informe Metereológico]]></category>
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		<description><![CDATA[El tiempo está loco, loco.  Hace calor y ni bien empezás a tocar el tambor, baja la temperatura y te morís de frío porque no llegás a ponerte la capa de tu tío. Terrible. Igualmente me cae bien la gente que da el pronóstico, acá van un par de videítos para que sepan como va a [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=titadixit.wordpress.com&amp;blog=1266701&amp;post=406&amp;subd=titadixit&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El tiempo está loco, loco.  Hace calor y ni bien empezás a tocar el tambor, baja la temperatura y te morís de frío porque no llegás a ponerte la capa de tu tío. Terrible. Igualmente me cae bien la gente que da el pronóstico, acá van un par de videítos para que sepan como va a estar el tiempo.</p>
<p><span style="text-align:center; display: block;"><a href="http://titadixit.wordpress.com/2009/12/13/el-tiempo-esta-loco-loco/"><img src="http://img.youtube.com/vi/3wTLcwXgAZs/2.jpg" alt="" /></a></span><br />
<span id="more-406"></span><br />
<span style="text-align:center; display: block;"><a href="http://titadixit.wordpress.com/2009/12/13/el-tiempo-esta-loco-loco/"><img src="http://img.youtube.com/vi/mClRq5sinf4/2.jpg" alt="" /></a></span></p>
<span style="text-align:center; display: block;"><a href="http://titadixit.wordpress.com/2009/12/13/el-tiempo-esta-loco-loco/"><img src="http://img.youtube.com/vi/F6NT-TXdgkw/2.jpg" alt="" /></a></span>
<p>yapas:</p>
<span style="text-align:center; display: block;"><a href="http://titadixit.wordpress.com/2009/12/13/el-tiempo-esta-loco-loco/"><img src="http://img.youtube.com/vi/gZ7n-sQKQgM/2.jpg" alt="" /></a></span>
<span style="text-align:center; display: block;"><a href="http://titadixit.wordpress.com/2009/12/13/el-tiempo-esta-loco-loco/"><img src="http://img.youtube.com/vi/_UPh2EdGHH0/2.jpg" alt="" /></a></span>
<p>(volvé Casero, volvé&#8230;)</p>
<br />  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/titadixit.wordpress.com/406/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/titadixit.wordpress.com/406/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/titadixit.wordpress.com/406/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/titadixit.wordpress.com/406/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gofacebook/titadixit.wordpress.com/406/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/facebook/titadixit.wordpress.com/406/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gotwitter/titadixit.wordpress.com/406/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/twitter/titadixit.wordpress.com/406/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/titadixit.wordpress.com/406/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/titadixit.wordpress.com/406/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/titadixit.wordpress.com/406/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/titadixit.wordpress.com/406/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/titadixit.wordpress.com/406/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/titadixit.wordpress.com/406/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=titadixit.wordpress.com&amp;blog=1266701&amp;post=406&amp;subd=titadixit&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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		<title>La partida del tren de Clarice Lispector</title>
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		<pubDate>Tue, 08 Dec 2009 07:07:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Tita</dc:creator>
				<category><![CDATA[El Cuento del Día]]></category>
		<category><![CDATA[Palabras ajenas]]></category>
		<category><![CDATA[Clarice Lispector]]></category>
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		<description><![CDATA[La partida era en la Central con su reloj enorme, el más grande del mundo. Marcaba las seis de la mañana. Ángela Pralini pagó el taxi y cogió su pequeña valija. Doña María Rita Alvarenga Chagas Souza Melo descendió del Opel de la hija y se encaminaron hacia las vías. La vieja iba bien vestida [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=titadixit.wordpress.com&amp;blog=1266701&amp;post=384&amp;subd=titadixit&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div><a href="http://titadixit.files.wordpress.com/2009/12/claricelispector.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-385" title="Clarice Lispector" src="http://titadixit.files.wordpress.com/2009/12/claricelispector.jpg?w=234&#038;h=300" alt="" width="234" height="300" /></a>La partida era en la Central con su reloj enorme, el más grande del mundo. Marcaba las seis de la mañana. Ángela Pralini pagó el taxi y cogió su pequeña valija. Doña María Rita Alvarenga Chagas Souza Melo descendió del Opel de la hija y se encaminaron hacia las vías. La vieja iba bien vestida y con joyas. De las arrugas que la ocultaban salía la forma pura de una nariz perdida en la edad, y de una boca que en otros tiempos debía haber sido llena y sensible. Pero qué importa. Se llega a un cierto punto y lo que fue no importa. Comienza una nueva raza. Una vieja no puede comunicarse. Recibió el beso helado que su hija le dio antes de que el tren partiera. Antes la ayudó a subir al vagón. Aunque en éste no había un centro, ella se colocó de lado. Cuando la locomotora se puso en movimiento, se sorprendió un poco: no esperaba que el tren siguiera en esa dirección y se encontró sentada de espaldas al camino.<br />
Ángela Pralini advirtió el movimiento y preguntó:</div>
<p>-¿Quiere cambiar de lugar conmigo?</p>
<p>Doña María lo rechazó con delicadeza, dijo que no, muchas gracias, a ella le daba lo mismo. Pero parecía haberse perturbado. Se pasó la mano sobre el camafeo afiligranado de oro, pinchado en el pecho, paseó la mano por el broche, la quitó, la llevó hasta el sombrero de fieltro con una rosa de paño, la retiró. Seca. ¿Ofendida? Al final, le preguntó a Ángela Pralini:</p>
<p>-¿Es por mí que desea cambiar de lugar?</p>
<p>Ángela Pralini dijo que no, se sorprendió, la vieja se sorprendió por el mismo motivo: no se reciben atenciones de una viejita. Ella sonrió un poco demasiado y los labios cubiertos de talco se partieron en surcos secos: estaba encantada. Y un poco agitada:</p>
<p>-Qué amabilidad la suya -le dijo-, qué gentileza.</p>
<p>Hubo un movimiento de perturbación porque Ángela Pralini rió también, y la vieja continuaba riendo, mostrando una dentadura bien arenada. Dio discretamente un tirón al cinturón que la apretaba demasiado.</p>
<p>-Qué amable- repitió.</p>
<p>Se recompuso un tanto deprisa, cruzó las manos sobre el bolso que contenía todo lo que se podía imaginar. Las arrugas, mientras reía, habían tomado un sentido, pensó Ángela. Ahora eran otra vez incomprensibles, superpuestas en un rostro otra vez inmodelable. Pero Ángela le quitaba la tranquilidad. Ya conocía a muchas jóvenes nerviosas que se decían: si me río un poco lo arruino todo, va a ser ridículo, tengo que parar, y era imposible, la situación era muy triste. Con inmensa piedad, Ángela vio la cruel verruga en la mandíbula, verruga de la cual salía un pelo negro y tieso. Pero Ángela le quitaba la tranquilidad. Se daba cuenta de que sonreiría en cualquier momento: Ángela la ponía en ascuas. Ahora era una de esas viejitas que parecen pensar que están siempre atrasadas, que se pasaron de hora. No se contuvo un segundo más, se irguió y espió por su ventana, como si fuera imposible mantenerse sentada.</p>
<p>-¿Quiere levantar el cristal? -le dijo un chico que oía a Haendel en una radio a pilas.</p>
<p>-¡Ah! -exclamó ella, aterrorizada.</p>
<p>¡Oh, no!, pensó Ángela, se estaba arruinando todo, el chico no debía haber dicho eso, era demasiado, no había que tocarla otra vez. Porque la vieja, casi a punto de perder la actitud de la que vivía, casi a punto de perder cierta amargura, temblaba como música de clave entre la sonrisa y el extremo encanto.</p>
<p>-No, no, no -dijo ella con falsa autoridad-, de ningún modo, gracias, sólo quería mirar.</p>
<p>Se sentó inmediatamente como si la delicadeza del chico y de la muchacha la vigilaran. La vieja, antes de subir al tren, se persignó con tres cruces en el corazón, besando discretamente las puntas de los dedos. Llevaba un vestido oscuro con cuello de encaje verdadero y un camafeo de oro puro. En la oscura mano izquierda las dos alianzas gruesas de viuda, gruesas como ya no se hacían. Del otro vagón se oía a un grupo de bandeirantes que cantaban Brasil agudamente. Felizmente, era en el otro vagón. La música de la radio del chico se entrecruzaba con la música de otro, que estaba escuchando a Edith Piaf cantando J´attendrai.</p>
<p>Fue entonces cuando el tren de pronto dio una sacudida y las ruedas se pusieron en movimiento. Comenzó la partida. La vieja murmuró bajo: &#8220;¡Ay, Jesús!&#8221;. Ella se bañaba en la terma de Jesús. Amén. Por la radio a pilas de una mujer se supo que eran las seis y treinta de la mañana, mañana fría, la vieja pensó: Brasil mejora la señalización de sus calles. Un tal Kissinger parecía mandar en el mundo.</p>
<p>Nadie sabe dónde estoy, pensó Ángela Pralini, y eso la asustaba un poco, ella era una fugitiva.</p>
<p><span id="more-384"></span>-Mi nombre es María Rita Alvarenga Chagas Souza Melo, Alvarenga Chagas era el apellido de mi padre -dijo, agregando una petición de disculpas por tener que decir tantas palabras sólo para pronunciar su nombre-. Chagas -añadió con modestia- eran las llagas de Cristo. Pero me puede llamar doña María Rita. ¿Y su nombre? Su gracia, ¿cuál es?</p>
<p>-Mi nombre es Ángela Pralini. Voy a pasar seis meses en la hacienda de mis tías. ¿Y usted?</p>
<p>-¡Ah! Yo voy a la hacienda de mi hijo, me voy a quedar allí el resto de mi vida, mi hija me trajo hasta el tren y mi hijo me espera con el auto en la estación. Soy como un paquete que se entrega de mano en mano.</p>
<p>Los tíos de Ángela no tenían hijos y la trataban como a una hija. Ángela se acordó de la nota que dejó para Eduardo: &#8220;No me busques. Voy a desaparecer de tu vida para siempre. Te amo como nunca. Tu Ángela no fue más tuya porque tú no quisiste&#8221;.</p>
<p>Quedaron en silencio. Ángela Pralini se entregó al ruido cadencioso del tren. Doña María Rita miró de nuevo su anillo de brillantes y perla en su dedo, alisó el camafeo de oro: &#8220;Soy vieja pero soy rica, más rica que todos aquí en el vagón. Soy rica, soy rica&#8221;. Espió el reloj, más para ver la gruesa placa de oro que para ver la hora. &#8220;Soy muy rica, no soy una vieja cualquiera.&#8221; Pero sabía, ah, sabía bien que era una viejita cualquiera, una viejita asustada por las menores cosas. Se acordó de sí misma, el día entero sola en su mecedora, sola con los criados, mientras la hija, relacionista pública, pasaba el día afuera, no llegaba hasta las ocho de la noche, y ni siquiera le daba un beso. Se acordó ese día a las cinco de la mañana, todavía oscuro y hacía frío.</p>
<p>Después de la delicadeza del chico estaba extraordinariamente agitada y sonriente. Parecía más delgada. Cuando se reía, se revelaba como una de esas viejas llenas de dientes. La crueldad dislocada de los dientes. El chico ya se había alejado. Ella abría y cerraba los párpados. De pronto golpeó con los dedos la pierna de Ángela, con extrema rapidez y suavidad:</p>
<p>-Hoy todos están verdaderamente, pero verdaderamente amables, qué gentileza, qué gentileza.</p>
<p>Ángela sonrió. La vieja permaneció sonriendo sin quitar los ojos profundos y vacíos de los ojos de la muchacha. Vamos, vamos, la fustigaban de todos lados, y ella espiaba para acá y para allá como si fuera a escoger. ¡Vamos, vamos!, la empujaban riendo de todos lados y ella se sacudía, sonriente, delicada.</p>
<p>-Qué amables son todos en este tren -dijo.</p>
<p>Súbitamente intentó recomponerse, carraspeó falsamente, se contuvo. Debía ser difícil. Temía haber llegado a un punto donde no podía interrumpirse. Se mantuvo en severidad y temor, cerró los labios sobre los innumerables dientes. Pero no podía engañar a nadie. Su rostro tenía tal esperanza que perturbaba los ojos de quienes la veían. Ella ya no dependía de nadie: una vez que la habían tocado, podían irse, ahora ella sola se irradiaba, magra, alta. Pero todavía quería decir algo y ya preparaba un gesto social de cabeza, llena de gracia previa. Ángela se preguntaba si ella sabría expresarse. Ella pareció pensar, pensar y encontrar con ternura un pensamiento ya todo hecho donde mal y mal podía acoger su sentimiento. Dijo con cuidado y sabiduría de anciana, como si precisara tomar ese aire para hablar como vieja:</p>
<p>-La juventud. La juventud amable.</p>
<p>Rió un poco fingidamente. ¿Iba a tener una crisis de nervios?, pensó Ángela Pralini. Porque estaba tan maravillosa. Pero carraspeó otra vez con austeridad, dio unos golpecitos con las puntas de los dedos como si ordenara con urgencia a la orquesta una nueva partitura. Abrió el bolso, lo revisó hasta encontrar un diario grande y normal, fechado tres días atrás, observó Ángela. Se puso a leer.</p>
<p>Ángela había perdido siete kilos. En la hacienda iba a comer lo que nunca en la vida: guiso de habas y repollo de Minas Gerais, para recuperar los preciosos kilos perdidos.</p>
<p>Estaba tan delgada por intentar acompañar el raciocinio brillante e interrumpido de Eduardo: bebía café sin azúcar sin parar para mantenerse despierta. Ángela Pralini tenía los senos muy bonitos, eran su punto fuerte. Tenía los ojos con ojeras profundas. Ella aprovechaba el silbido aullante del tren para que fuese su propio grito. Era un berrido agudo, el suyo, sólo que vuelto hacia adentro. Era la mujer que bebía más whisky en el grupo de Eduardo. Aguantaba de seis a siete de una vez, manteniendo una lucidez de terror. En la hacienda iba a beber leche grasa de vaca. Una cosa unía a la vieja y a Ángela: ambas iban a ser recibidas con los brazos abiertos, pero una no sabía eso de la otra. Ángela se estremeció súbitamente: quién daría el último día de vermicida al cachorro. Ah, Ulises, pensó ella del perro, no te abandoné porque quisiera, lo que necesitaba era huir de Eduardo, antes que él me arruinase totalmente con su lucidez: lucidez que iluminaba demasiado y lo quemaba todo. Ángela sabía que los tíos tenían remedio contra la picadura de cobra: pretendía entrar de lleno en la floresta espesa y verde, con botas altas y untada con remedio contra la picadura de mosquito. Como si saliera de la carretera Transamazónica, la exploradora. ¿Qué bichos encontraría? Era mejor llevar una espingarda, comida y agua. Y una brújula. Desde que descubrió -pero lo descubrió realmente con espanto- que iba a morir un día, desde entonces no tuvo más miedo a la vida, y a causa de la muerte, tenía derechos totales: lo arriesgaba todo. Después de haber tenido dos uniones que habían terminado en nada, esta tercera que terminaba en amor-adoración, cortada por la fatalidad del deseo de sobrevivir. Eduardo la había transformado: la hizo volver los ojos hacia adentro. Pero ahora miraba hacia afuera. Veía a través de la ventana los senos de la tierra, en las montañas. ¡Existen pajaritos, Eduardo! ¡Existen nubes, Eduardo!, y cuando yo era una niña cabalgaba a la carrera en un caballo desnudo, sin silla. Y estoy huyendo de mi suicidio, Eduardo. Disculpa, Eduardo, pero no quiero morir. Quiero ser fresca y rara como una granada.</p>
<p>Y la vieja fingía que leía el periódico. Pero pensaba: su mundo era un suspiro. No quería que los otros la consideraran abandonada. Dios me dio salud para viajar, sólo. Ttambién soy buena de cabeza, no hablo sola y yo misma me baño todos los días. Olía a agua de rosas mustias y maceradas, era su perfume añejo y enmohecido. Tener un ritmo respiratorio, pensó Ángela de la vieja, era la cosa más bella que quedó desde que doña María Rita naciera. Era la vida.</p>
<p>Doña María Rita pensaba: cuando se hizo vieja comenzó a desaparecer para los otros, sólo la veían por casualidad. Ella ya era el futuro.</p>
<p>Ángela pensó: creo que si encontrara la verdad, no podría pensarla. Sería impronunciable mentalmente.</p>
<p>La vieja siempre fue un poco vacía; bien, un poquito. ¿Muerte? Era raro, no formaba parte de los días. Y aun &#8220;no existir&#8221; ni existía, era imposible no existir. No existir no cabía en nuestra vida diaria. La hija no era cariñosa. En compensación, el hijo era tan cariñoso, bonachón, medio gordo. La hija era seca, con sus besos rápidos, la relacionista pública. La vieja tenía cierta holganza de vivir. La monotonía, sin embargo, era lo que la sostenía.</p>
<p>Eduardo escuchaba música con el pensamiento. Y entendía la disonancia de la música moderna, sólo sabía entender. Su inteligencia la ahogaba. &#8220;Tú eres una temperamental, Ángela&#8221;, le dijo una vez. ¿Y qué? ¿Qué mal había en eso? Soy lo que soy y no lo que piensas que soy. La prueba de quien soy es esta partida del tren. Mi prueba también es doña María Rita, ahí enfrente. ¿Prueba de qué? Sí. Ella ya tuvo plenitud. Cuando ella y Eduardo estaban tan apasionados uno por el otro que estando juntos en una cama, con las manos unidas, ella sentía la vida completa. Poca gente conocía la plenitud. Y, porque la plenitud es también una explosión, ella y Eduardo cobardemente pasaron a vivir &#8220;normalmente&#8221;. Porque no se puede prolongar el éxtasis sin morir. Se separaron por un motivo fútil casi inventado: no querían morir de pasión. La plenitud es una de las verdades encontradas. Pero el rompimiento necesario fue para ella una ablación, como ocurre a las mujeres a quienes les extraen el útero y los ovarios: vacía por dentro.</p>
<p>Doña María Rita era tan antigua que en la casa de la hija estaban habituados a ella como a un mueble viejo. Ella no era novedad para nadie. Pero nunca le pasó por la cabeza que era una solitaria. Sólo que no tenía nada que hacer. Era un ocio forzado que en ciertos momentos se tornaba doloroso: no tenía nada que hacer en el mundo. Salvo vivir como un gato, como un cachorro. Su ideal era ser dama de compañía de alguna señora, pero eso ya no se usaba y además nadie la creería fuerte a los setenta y siete años, pensarían que era floja. No hacía nada, sólo eso: ser vieja. A veces se deprimía: pensaba que no servía para nada, no servía siquiera a Dios: doña María Rita no tenía infierno dentro de ella. ¿Por qué los viejos, aun los que no tiemblan, sugieren algo delicadamente trémulo? Doña María Rita tenía un temblor quebradizo de música de acordeón.</p>
<p>Pero cuando se trata de la vida, ¿quién nos ampara? Pues cada uno es uno. Y cada vida tiene que ser amparada por esa propia vida de cada uno. Cada uno de nosotros: es con lo que contamos. Como doña María Rita siempre fue una persona común, le parecía que morir no era cosa normal. Morir era sorprendente. Era como si ella no estuviera a la altura del acto de la muerte, pues nunca le había ocurrido hasta ahora nada de extraordinario en la vida que justificara de pronto otro hecho extraordinario. Hablaba y hasta pensaba en la muerte, pero en el fondo era escéptica e incrédula. Pensaba que se moría cuando ocurría un accidente o alguien mataba a alguien. La vieja tenía poca experiencia. A veces tenía taquicardia: bacanal del corazón. Pero sólo eso, y le sucedía desde joven. En su primer beso, por ejemplo, el corazón se desgobernó. Y fue una cosa buena, en el límite con lo malo. Algo que recordaba su pasado, no como hechos sino como vida: una sensación de vegetación en sombra, hierbas, samambayas, culandrillos, frescor verde. Cuando sentía eso otra vez, sonreía. Una de las palabras más eruditas que usaba era &#8220;pintoresco&#8221;. Era bueno. Era como oír el murmullo de una fuente y no saber dónde nacía.</p>
<p>Un diálogo que sostenía consigo misma:</p>
<p>-¿Estás haciendo algo?</p>
<p>-Sí, estoy: estoy siendo triste.</p>
<p>-¿No te molesta estar sola?</p>
<p>-No; pienso</p>
<p>A veces no pensaba. A veces se quedaba sólo siendo. No necesitaba hacer. Ser era ya un hacer. Podía ser lentamente o un poco de prisa.</p>
<p>En el asiento de atrás, dos mujeres hablaban y hablaban sin parar. Sus voces constantes se fundían con el ruido de las ruedas del tren y de las vías.</p>
<p>Doña María Rita había esperado que la hija permaneciera en la plataforma del tren para decirle adiós, pero esto no sucedió. El tren inmóvil. Hasta que arrancó.</p>
<p>-Ángela -dijo-, una mujer nunca dice la edad, por eso sólo puedo decirte que es mucha. Pero a ti (¿puedo tutearte, verdad?) voy a hacerte una confidencia: tengo setenta y siete años.</p>
<p>-Yo tengo treinta y siete -dijo Ángela Pralini.</p>
<p>Eran las siete de la mañana.</p>
<p>-Cuando era joven era muy mentirosa. Mentía muchísimo.</p>
<p>Después, como si se hubiera desencantado de la magia de la mentira, dejó de mentir.</p>
<p>Ángela, mirando a la vieja doña María Rita, tuvo miedo de envejecer y de morir.</p>
<p>Sostén mi mano, Eduardo, para no tener miedo de morir. Pero él no sostenía nada. Lo único que hacía era: pensar, pensar y pensar. Ah, Eduardo, ¡quiero la dulzura de Schumann! Su vida era una vida deshecha, evanescente. Le faltaba un hueso duro, áspero y fuerte, contra el cual nadie pudiera nada. ¿Quién sería ese hueso esencial? Para alejar esa sensación de enorme carencia, pensó: ¿cómo se las arreglaban en la Edad Media sin teléfono y sin avión? Misterio. Edad Media, yo te adoro y tus nubes oscuras y cargadas que desembocaron en el Renacimiento luminoso y fresco.</p>
<p>En cuanto a la vieja, estaba ida. Miraba hacia la nada.</p>
<p>Ángela se miró en el pequeño espejo del bolso. Me parezco a un desmayo. Cuidado con el abismo, le digo a aquella que se parece a un desmayo. Cuando me muera, voy a sentir tanta nostalgia de ti, Eduardo. La frase no resistía la lógica, sin embargo tenía en sí misma un imponderable sentido. Era como si ella quisiera expresar una cosa y expresara otra.</p>
<p>La vieja ya era el futuro. Parecía tener vergüenza. ¿Vergüenza de ser vieja? En algún punto de su vida debería con certeza haber habido un error, y el resultado era ese extraño estado de vida. Que sin embargo no la llevaba a la muerte. La muerte era siempre una sorpresa para quien moría. Tenía, a pesar de todo, el orgullo de no babear ni hacer pipí en la cama, como si esa forma de salud bravía hubiera sido meritoriamente el resultado de un acto de su voluntad. Sólo no era una dama, una señora de edad, por no tener arrogancia: era una viejita digna que de repente tomaba un aire asustadizo. Ella, bueno, ella se elogiaba a sí misma, considerábase una vieja llena de precocidad como una niña precoz. Pero la verdadera intención de su vida, no la sabía.</p>
<p>Ángela soñaba con la hacienda: allí se escuchaban gritos, latidos y aullidos, de noche. &#8220;Eduardo -pensó ella para él-, yo estaba cansada de intentar ser lo que tú creías que soy. Tengo un lado malo (el más fuerte y el que predominaba ahora, el que había intentado esconder por ti), y en ese lado fuerte yo soy una vaca, soy una yegua libre que patea en el suelo, soy una mujer de la calle, soy vagabunda, y no una &#8220;letrada&#8221;. Sé que soy inteligente y que a veces escondo eso para no ofender a los otros con mi inteligencia, y que soy una inconsciente. Huí de ti, Eduardo, porque tú me estabas matando con tu cabeza de genio que me obligaba casi a taparme los oídos con las manos y casi a gritar de horror y de cansancio. Y ahora me voy a quedar seis meses en la hacienda, tú no sabes dónde estaré, y todos los días tomaré un baño en el río mezclando con el barro mi propio barro. Soy vulgar, Eduardo, y tienes que saber que me gusta leer historias de folletín, mi amor, oh, mi amor, cómo te amo y cómo amo tus terribles maleficios, ah, cómo te adoro, soy tu esclava. Pero yo soy física, mi amor, yo soy física y tuve que esconder de ti la gloria de ser física. Y tú, que eres el mismo fulgor del raciocinio, entonces no sabía, eras alimentado por mí. Tú, superintelectual y brillante y dejando a todos admirados y boquiabiertos.&#8221;</p>
<p>-Me parece -se dijo en voz baja la vieja-, me parece que esa joven bonita no tiene interés en conversar conmigo. No sé por qué, pero nadie conversa más conmigo. Aun cuando estoy junto a la gente, nadie parece pensar en mí. A fin de cuentas, no tengo la culpa de ser vieja. Pero no hago daño, y me hago compañía. Y también tengo a Nandino, mi hijo querido que me adora.</p>
<p>&#8220;¡El placer sufrido de rascarse!&#8221;, pensó Ángela. Yo, yo que no voy en esa dirección ni en la otra, ¡soy libre! Estoy quedando más saludable, tengo deseos de decir un desafuero en voz alta para asustar a todos. ¿La vieja no entendería? No sé, ella debe haber parido varias veces. Yo no estoy de acuerdo en eso de que lo cierto es ser infeliz, Eduardo. Quiero gozar de todo y después morir y que me dañe, que me dañe, que me dañe. Sé bien que la vieja es capaz de ser infeliz sin saberlo. Pasividad. Y no entro en eso tampoco, nada de pasividad, quiero tomar un baño desnuda en el río barroso que se parece a mí, ¡desnuda y libre! ¡Viva! ¡Tres vivas! ¡Lo abandono todo! ¡Todo! Y así no soy abandonada, no quiero depender sino de unas tres personas, y el resto es: Buenos días, ¿todo bien? Todo bien. Edu, ¿sabes? Te abandono. Tú, en el fondo de tu intelectualismo, no vales la vida de un perro. Te abandono, entonces. Y abandono el grupo falsamente intelectual que exigía de mí un vano y nervioso ejercicio continuo de inteligencia falsa y apresurada. Fue preciso que Dios me abandonara para que yo sintiera su presencia. Necesito matar a alguien dentro de mí. Tú arruinaste mi inteligencia con la tuya que es de genio. Y me obligaste a saber, a saber, a saber. Ah, Eduardo, no te preocupes, llevo conmigo los libros que tú me diste para &#8220;seguir un curso en casa&#8221;, como querías. Estudiaré filosofía cerca del río, por el amor que te tengo.</p>
<p>Ángela Pralini tenía pensamientos tan hondos que no había palabras para expresarlos. Era mentira decir que sólo se podía tener un pensamiento a la vez: tenía muchos pensamientos que se entrecruzaban y eran diferentes. Sin hablar del &#8220;subconsciente&#8221; que explota en mí, quiera o no quiera. Soy una fuente, pensó Ángela, pensando al mismo tiempo dónde habría puesto el pañuelo de cabeza, pensando si el cachorro habría tomado la leche que le había dejado, en las camisas de Eduardo, y su extremado agotamiento físico y mental. Y en la vieja doña María Rita. &#8220;Nunca voy a olvidar tu rostro, Eduardo.&#8221; Era un rostro un poco asustado, asustado de su propia inteligencia. Él era un ingenuo. Y amaba sin saber que estaba amando. Iba a quedarse tonto cuando descubriera que ella se había ido, dejando al cachorro y a él. Abandono por falta de nutrición, pensó. Al mismo tiempo pensaba en la vieja sentada enfrente. No era verdad que sólo se pensaba en una sola cosa. Era, por ejemplo, capaz de escribir un talón perfecto, sin un error, pensando en su vida. Que no era buena, pero, en definitiva, era suya. Suya otra vez. La coherencia, no la quiero más. La coherencia es mutilación. Quiero el desorden. Sólo adivino a través de una vehemente incoherencia. Para meditar saqué demasiadas cosas de mí y siento el vacío. Es en el vacío donde se pasa el tiempo. Ella que adoraba una buena playa, con sol, arena y sol. Él está abandonado, perdió el contacto con la tierra, con el cielo. Él ya no vive, existe. El aire entre ella y Eduardo Gomes era de emergencia. Ella se había transformado en una mujer urgente. Es que, para mantener despierta la urgencia, tomaba drogas excitantes que la adelgazaban cada vez más y le quitaban el hambre. Quiero comer, Eduardo, tengo hambre, Eduardo, hambre de mucha comida. ¡Soy orgánica!</p>
<p>&#8220;Conozca hoy el supertrén de mañana.&#8221; Selecciones del Reader´s Digest que ella a veces leía a escondidas de Eduardo. Era como las Selecciones que decían: conozca hoy el supertrén de mañana. Positivamente no estaba conociendo hoy. Pero Eduardo era el supertrén. Súper todo. Ella conocía hoy el súper de mañana. Y no lo soportaba. No soportaba el movimiento perpetuo. Tú eres el desierto, y yo voy a Oceanía, a los mares del Sur, a la isla de Tahití. Aunque estén estragadas por los turistas. Tú no eres más que un turista, Eduardo. Voy hacia mi propia vida, Edu. Y digo como Fellini: en la oscuridad y en la ignorancia creo más. La vida que llevaba con Eduardo tenía olor a farmacia nueva recién pintada. Ella prefería el olor vivo del estiércol por más repugnante que fuera. Él era correcto como una pista de tenis. Además, practicaba el tenis para mantener la forma. En fin, él era un trasto que ella amaba y casi no amaba más. Estaba recobrando en el tren mismo su salud mental. Continuaba apasionada por Eduardo. Y él, sin saber, también lo estaba por ella. Yo que no consigo hacer nada bien, excepto las tortillas. Con una sola mano rompía huevos con una rapidez increíble, y los volcaba en la vasija sin derramar ni una gota. Eduardo moría de envidia de tanta elegancia y eficiencia. Él a veces daba charlas en las universidades y lo adoraban. Ella también asistía, ella también lo adoraba. ¿Cómo empezaba? &#8220;No me siento a gusto cuando veo algunas personas que se levantan cuando oyen anunciar que voy a hablar.&#8221; Ángela siempre tenía miedo que la gente se retirara y lo dejaran solo.</p>
<p>La vieja, como si hubiera recibido una transmisión de pensamiento, pensaba: que no me dejen sola. ¿Qué edad tengo? Ya ni lo sé.</p>
<p>Después, enseguida, vació su pensamiento. Y era tranquilamente nada. Mal existía. Era bueno así, muy bueno. Inmersiones en la nada.</p>
<p>Ángela Pralini, para calmarse, se contó una historia muy calmante, muy tranquila: era una vez un hombre a quien le gustaban mucho las frutas del jabuticabas. Entonces fue hacia un bosque donde había árboles cargados de protuberancias negras, lisas y lustrosas, que le caían en las manos blandamente y que de las manos le caían a los pies. Era tal la abundancia de jabuticabas que se daba el lujo de pisarlas. Y ellas hacían un ruidito muy gracioso. Hacían así: cloc-cloc-cloc, etc. Ángela se calmó con el hombre de las jabuticabas.</p>
<p>En la hacienda había jabuticabas y ella iba a hacer con los pies desnudos el cloc-cloc, suave y húmedo. Nunca sabía si debía o no tragar los carozos. ¿Quién le iba a contestar esa pregunta? Nadie. Sólo tal vez un hombre que, como Ulises, el perro, y contra Eduardo, respondiera: &#8220;Mangia, bella, que ti fa bene&#8221;. Sabía un poquito de italiano pero nunca estaba segura de su sentido. Y después de lo que ese hombre dijera, ella tragaría los carozos. Otro árbol que le gustaba era uno cuyo nombre científico había olvidado pero que en la infancia todos habían conocido directamente, sin ciencia, era uno que en el Jardín Botánico de Río hacía un cloc-cloc sequito. ¿Ves? ¿Ves cómo estás renaciendo? Siete vidas de gato. El número siete la acompañaba, era su secreto, su fuerza. Se sentía linda. No lo era. Pero se sentía. Se sentía también bondadosa. Con ternura hacia la vieja María Rita que se había puesto las gafas para leer el diario. Todo era vagaroso en la vieja María Rita. ¿Cerca del fin? Ay, cómo duele morir. En la vida se sufre más si se tiene algo en la mano: la inefable vida. Pero, ¿y la pregunta sobre la muerte? Era preciso no tener miedo: ir hacia el frente, siempre.</p>
<p>Siempre.</p>
<p>Como el tren.</p>
<p>Y en algún lugar existe una cosa escrita en el muro. Y es para mí, pensó Ángela. De las llamas del Infierno llegará un telegrama fresco para mí. Y nunca más mi esperanza será decepcionada. Nunca. Nunca más.</p>
<p>La vieja era anónima como una gallina, como había dicho una tal Clarice hablando de una vieja desvergonzada, enamorada de Roberto Carlos. Esa Clarice incomodaba. Hacía gritar a la vieja: ¡tiene! ¡que! ¡haber! ¡una! ¡puerta! ¡de saliiiiida! y la había. Por ejemplo, la puerta de salida de esa vieja era el marido que volvería al día siguiente, eran personas conocidas, era su empleada, era la plegaria intensa y fructífera frente a la desesperación. Ángela se dijo como si se mordiera rabiosamente: tiene que haber una puerta de salida. Tanto para mí como para doña María Rita.</p>
<p>Yo no puedo detener el tiempo, pensó María Rita Alvarenga Chagas Souza Melo. Fracasé. Estoy vieja. Y fingió leer el diario sólo para recuperar la compostura.</p>
<p>Quiero sombra, gimió Ángela, quiero sombra y anonimato.</p>
<p>La vieja pensó: su hijo era tan bondadoso, tan cálido de corazón, tan cariñoso. La llamaba &#8220;madrecita&#8221;. Sí, tal vez pase el resto de mi vida en la hacienda, lejos de la relacionista pública que no me necesita. Y mi vida será muy larga, a juzgar por mis padres y abuelos. Podía alcanzar, fácil, fácil, los cien años, pensó confortablemente. Y morir de repente para no tener tiempo de sentir miedo. Se persignó discretamente y pidió a Dios una buena muerte.</p>
<p>Ulises, si tu cara fuera vista bajo el punto de vista humano, serías monstruoso y feo. Era lindo desde el punto de vista perro. Era vigoroso como un caballo blanco y libre, sólo que era castaño suave, anaranjado, color whisky. Pero su pelo es lindo como el de un enérgico y empinado caballo. Los músculos del pescuezo eran vigorosos y se podían tocar con manos de dedos sabios. Ulises era un hombre. Sin dejar de ser un perro. Era delicado como un hombre. Una mujer debe tratar bien al hombre.</p>
<p>El tren entrando en el campo: los grillos gritaban agudos y ásperos.</p>
<p>Eduardo, una vez, sin gracia, como quien se ve forzado a cumplir una función, le dio de regalo un gélido diamante. Ella hubiera preferido brillantes. En fin, suspiró ella, las cosas son como son. A veces, cuando miraba desde lo alto de su apartamento, tenía deseos de suicidarse. Ah, no por Eduardo, sino por una especie de fatal curiosidad. No se lo contaba a nadie, por miedo de influir en un suicida latente. Ella quería la vida, la vida plana y plena, bonita, leyendo los artículos de Selecciones. Quería morir sólo a los noventa años, en medio de un acto de vida, sin sentir. El fantasma de la locura nos ronda. ¿Qué es lo que haces? Estoy esperando el futuro.</p>
<p>Cuando finalmente el tren se puso en movimiento, Ángela Pralini encendió el cigarrillo en aleluya: tenía miedo de que cuando el tren partiera, no tuviera el coraje de irse y terminara por bajar del vagón. Pero ya estaban sujetos los amortiguadores y las ruedas daban repentinos sobresaltos. El tren marchaba. Y la vieja María Rita suspiraba: estaba más cerca del hijo amado. Con él podría ser madre, ella que era castrada por su hija.</p>
<p>Una vez que Ángela tuvo dolores menstruales, Eduardo intentó, sin mucha gracia, ser cariñoso. Y le dijo una cosa horrorosa: estás enferma, ¿no? Se ruborizaba de vergüenza.</p>
<p>El tren corría cuanto podía. El maquinista feliz: así era bueno, y pitaba a cada curva del camino. Era un largo y grueso silbido de tren en marcha, ganando terreno. La mañana era fresca y llena de hierbas altas y verdes. Así, sí, vamos hacia adelante, dijo el maquinista a la máquina. La máquina respondió con alegría.</p>
<p>La vieja era nada. Y miraba hacia el aire como se mira a Dios. Estaba hecha de Dios. Es decir: todo o nada. La vieja, pensó Ángela, era vulnerable. Vulnerable al amor, al amor de su hijo. La madre era franciscana, la hija polución.</p>
<p>Dios, pensó Ángela, si existes, ¡muéstrate! Porque llegó la hora. Es esta hora, este minuto y este segundo.</p>
<p>Y el resultado fue que tuvo que ocultar las lágrimas que le vinieron a los ojos. Dios de algún modo le respondía. Ella estaba satisfecha y se tragó un sollozo ahogado. Vivir dolía. Vivir era una herida abierta. Vivir es ser como mi cachorro. Ulises no tenía nada que ver con el Ulises de Joyce. Intenté leer a Joyce pero no seguí porque era pesado, disculpa, Eduardo. Sé que es un pesado genial. Ángela estaba amando a la vieja que era nada, la madre que le faltaba. Madre dulce, ingenua y sufriente. Su madre que murió cuando ella tenía nueve años; aun enferma, pero viva, servía. Aun paralítica, servía.</p>
<p>Entre ella y Eduardo el aire tenía gusto de sábado. Y de pronto los dos eran raros, la rareza en el aire. Ellos se sentían raros, no formando parte de las mil personas que iban por la calle. Los dos a veces eran cómplices, tenían una vida secreta porque nadie los comprendía. Y también porque los raros son perseguidos por la gente que no toleran la insultante ofensa de los que se diferencian. Escondían su amor para no herir a los otros con la envidia. Para no herirlos con una estrella demasiado luminosa para los ojos.</p>
<p>Au, au, au, ladrará mi cachorro. Mi gran cachorro.</p>
<p>La vieja pensó: soy una persona involuntaria. tanto que, cuando reía -lo que no ocurría a menudo-, nadie sabía si reía o lloraba. Sí. Ella era involuntaria.</p>
<p>Mientras tanto, Ángela Pralini se sentía efervescente como las gotitas de agua mineral Cachambú: de repente. Así: de repente. ¿De repente qué? Sólo de repente. Cero. Nada. Tenía treinta y siete años y pretendía a cada instante comenzar la vida. Como las gotitas efervescentes del agua Cachambú. Las siete letras de Pralini le daban fuerza. Las seis letras de Ángela la volvían anónima.</p>
<p>Con un largo silbido aullante se llegaba a la pequeña estación donde Ángela Pralini descendería. Cogió su valija. En el espacio entre la gorra del empleado y la nariz de una joven, estaba la vieja durmiendo inflexible, con la cabeza tiesa bajo el sombrero de fieltro, una mano cerrada sobre el diario.</p>
<p>Ángela bajó del vagón.</p>
<p>Naturalmente, eso no tenía la menor importancia: hay personas que siempre se arrepienten, es un rasgo de ciertas naturalezas culpables. Pero la dejó perturbada la imagen de la vieja cuando despertara, la visión de su rostro espantado frente al banco vacío de Ángela. Al fin, nadie sabía si se había adormecido por confianza en ella.</p>
<p>Confianza en el mundo.</p>
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