Estoy en el freezer
Sucede que yo solía amar el invierno. Prefiero (o prefería) mil veces tener frío que tener calor, ¿por qué? : En invierno uno siempre se puede poner algo más, en verano hay momentos en los que aún estando en bolas te cagás de calor igual (Ni hablar de eso de andar todo el día pegoteada, el increíble e inexplicable suceso de salir de la ducha más transpirada que antes o el caldo que se genera en la pelopincho –See, nada de piletas de natación-.)
El invierno trae esa imagen de película mala de Hollywood: en el sillón al lado del fueguito, leyendo, tomando café, tapada con una manta y todo parece perfecto. Los libros se sienten diferentes, los mates con amigos se sienten diferentes, y ni hablar de la excusa del frío para acurrucarse en los brazos de alguien. (El frío predispone al toqueteo y al arrumaco, eso es innegable; en verano es mas o menos así: Salí de acá que estás todo transpirado!)
Este año empecé genial, y ante los primeros fríos seguí con mi postura a rajatabla: ¡El invierno está buenísimo! ¡Viva el Invierno!
Hasta que me di cuenta de algo: ahora que me mudé no tengo estufa, ni nada que se le parezca.
Además de no tener ningún artefacto que engendre calor el departamento es como una heladera.
Mi vida en una cubetera.
Tardo largas horas en decidirme a salir de la cama por miedo a quedarme congelada a mitad de camino entre la habitación y la cocina (único artefacto de calefacción actual en el departamento), dejo las cuatro hornallas y el horno prendido, acto que no genera ni el más mínimo cambio en el ambiente, porque cuando salgo de bañarme se me forman estalactitas en las fosas nasales y otros lugares que no les pienso decir (Todo me hace acordar a la escena de Dumb and Dumber [Tonto y Retonto] donde se les congelan los mocos, por suerte no empecé a gotear…) Estoy aterrorizada de la idea de que la gata se me cocine de tanto estar pegada al horno y cada vez que abro la heladera tengo miedo de que me agarre un ataque de Hipotermia. Cuando llego del laburo me abrigo, y cuando voy a salir me saco algo, porque seguro que afuera no hace tanto frío, y es verdad. A veces llego a la conclusión de que prefiero estar en el trabajo donde, al menos, hay calefacción, pero son solo ideas confundidas de mi cerebro congelado. Lo peor de todo es que llego a mi reducto laboral y leo los diarios que anuncian que estamos ante una “Ola de frío polar”, ¡¿A mí me lo van a decir?!
Me tuve que retractar.
El invierno es una mierda.
((Está fresco para inodoro sin tabla, corpiño calado y chomba))