Bueno, se suponía que esto iba a ser una especie de algo describiendo qué pasa cuendo uno vive solo. Pero, como de costumbre, las cosas se degeneran y terminan siendo cualquier otra cosa, ya veremos…
Cuando apenas era una idea, cuando tenía 13 o 14, el hecho de vivir sola se resumía en el control sobre los propios actos, el no depender de alguien para que me diga que hacer. Ni de costado pensaba en gastos (que, dicho sea de paso, cuando yo tenía 13 o 14 eran mucho más bajos); tenía la idea hippie de que me conformaba vendiendo pulseritas en una plaza, qué ilusa…
A medida que fui creciendo, el tema abarcaba más conceptos; el poder detenerme a pensar sin que a nadie le pareciera raro, poder estar en silencio -detesto esa necesidad de la gente de querer hablar de todo todo el tiempo -, leer sin tener que taparme los oidos por los gritos de Susana Gimenez en el televisor, estudiar cuando y como quisiera, comer a la hora del hambre, no comer o comer lo que quisiera, en fin… Millones de cosas que uno se imagina que hará…
Luego, una vez que ya me había decidido, cajas por doquier, cinta de embalar reluciente y flete contratado, me dio un miedito inicial que amenazó con eliminar toda necesidad de independencia. ¿Me alcanzará la plata?, ¿Me voy a tener que cocinar todos los días?, ¿qué voy a hacer sola, sola, sola?… Pero, ya estaba, no podía dar marcha atrás -It´s now or never- me dije.
Ahora hace menos de un mes que vivo sola. Mi departamento es un antro plagado de humedad, con microparedes que permiten escuchar hasta la caída de un alfiler (wooow, re sprayette), con vecinos que conspiran contra mi juntándose todos los domingos de 6 a 9 de la noche en la puerta supuestamente a “conversar”, con un patio, que más que patio es un escobero -colgar la ropa es todo un desafío para la ciencia-; pero aún así, no me arrepiento.
Como a la hora que quiero, lo que quiero…
Me acuesto a la hora que quiero, con quien quiero y si tengo ganas, porque sencillamente me puedo quedar levantada sin que nadie me diga “Qué hacés a esta hora”…
Leo lo que quiero y en voz alta…
No tengo televisor…
Escucho la música que se me canta…
Pero aún, y gracias a la gran administración de mi capital, sigo pensando en ir a vender pulseritas a una plaza, qué va ser…





1 comentario
Mayo 10, 2008 a las 1:50 am
Nótese: “Me acuesto a la hora que quiero, CON QUIEN QUIERO…”
Tita tan trola. Finalmente muestra la hilacha. Tita non est un cubito de hielo. Arde Tita.
P.S.: Te envidio un tanto…