Señoras y señores se veía venir un momento de cambio. La mudanza necesitaba un momento cúlmine acompañándolo, por ende (o ergo, que quedaría mejor) cambié de lugar de trabajo, y no sólo eso, sino que también cambié mi horario de trabajo. Estoy en el horno… Toda mi vida cumplí con mis obligaciones a la mañana. Colegio, Facultad, Trabajo. Hoy comienzo con mi jornada de ocho horas al mediodía. De más está decir que la mañana de hoy fue caótica. Cómo explicar… Me desperté tipo ocho y media (el hecho de que no esté cursando aliviana mi vida) y decidí quedarme un poquito más remoloneándo… A las nueve estaba arriba, dormidísima, preguntándome qué hacer. Desayuné, algo raro para mí, ya que siempre desayunaba en el trabajo, y no sé cómo, pero cuando miré el reloj ya eran las once y me tenía que preparar para salir (ah… otro cambio, ahora soy una más de las tantas ciclistas inconcientes de la ciudad).
Recién son las cuatro de la tarde y a esta hora estaría saliendo del laburo… Me quiero matar!! Pensar que me tengo que quedar hasta las ocho, Dios, quién me metió en esto…
Hay que pensar en positivo, ahora por lo menos me puedo quedar un poco más escuchando a Dolina a la noche…




