Niña Perversa - Isabel Allende

Posteado en De otros puños, Literatura, Pequeña Biblioteca con etiquetas, , , , sobre Julio 22, 2008 por Tita

A los once años Elena Mejías era todavía una cachorra desnutrida, con la piel sin brillo de los niños solitarios, la boca con algunos huecos por una dentición tardía, el pelo color de ratón y un esqueleto visible que parecía demasiado contundente para su tamaño y amenazaba con salirse en las rodillas y en los codos. Nada en su aspecto delataba sus sueños tórridos ni anunciaba a la criatura apasionada que en verdad era. Pasaba desapercibida entre los muebles ordinarios y los cortinajes desteñidos de la pensión de su madre. Era sólo una gata melancólica jugando entre los geranios empolvados y los grandes helechos del patio o transitando entre el fogón de la cocina y las mesas del comedor con los platos de la cena. Rara vez algún cliente se fijaba en ella y si lo hacía era sólo para ordenarle que rociara con insecticida los nidos de las cucarachas o llenara el tanque del baño, cuando la crujiente carcasa de la bomba se negaba a subir el agua hasta el segundo piso. Su madre, agotada por el calor y el trabajo de la casa, no tenía ánimo para ternuras ni tiempo para observar a su hija, de modo que no supo cuándo Elena empezó a mutarse en un ser diferente. Durante los primeros años de su vida había sido una niña silenciosa y tímida, entretenida siempre en juegos misteriosos, que hablaba sola por los rincones y se chupaba el dedo. Sus salidas eran sólo a la escuela o al mercado, no parecía interesada en el bullicioso rebaño de niños de su edad que jugaban en la calle.

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Chiquitita dime por qué…

Posteado en De otros puños, Literatura, Notas con etiquetas, , , , , , sobre Julio 21, 2008 por Tita

Aludo a este hit del momento, interpretado por el grupo juvenil ABBA en la cúspide de su éxito avasallante, para hablar del libro de Antonio Orlando Rodriguez, el cual ganó el Premio Alfaguara de Novela 2008: Chiquita. Debo decirlo, me lo prestaron el sábado, lo empecé el domingo y es muy posible que lo termine esta noche.

La historia, que maneja de fondo la guerra de la independencia cubana, recorre la vida de Espiridiona Cenda, una liliputiense de 65 centímetros de altura (que nunca conoció a Gulliver, pero supuestamente sí a Sarah Bernhardt, a William McKinley, a Alfons Mucha y a varios más) a quien apodaban “la muñeca viviente”, nacida en Cuba en 1869. Mezcla de biografía y ficción abordada desde dos puntos de vista diferentes (la de la propia Espiridiona -Mierda, qué nombre largo- y la de Cándido Olazábal) para mi gusto, se podría meter por el lugar del realismo mágico: Chiquita existió realmente, se supone que hay pruebas de que triunfó en Francia y en EEUU, y de que fue invitada a la Casa Blanca en 1900, pero por otro lado nos podemos encontrar con La Orden de los Pequeños Artífices de la Nueva Arcadia, una hermandad secreta de enanos que hablan la Geheimnissprache der kleinen Leute, una gallina de los huevos de oro, etc. Con miedo a que ustedes piensen que esto se trata de un libro para niños les comento que según los mismos personajes, la famosa liliputiense era “putísima” y eso no se aleja de la trama, hombres y mujeres se pasean por su cama a troche y moche, a diestra y sieniestra; en fin, creo que entendieron…

La verdad es que hasta ahora el libro me tiene enganchadísima, no se sabe lo que puede seguir, desde freakshows, espiritismo, erotismo, circos y ferias, historia… Hay material pa´repartir…

En fin: Es entretenido, está como para leerlo en las vacaciones…

Recordando a María J. Desgracia

Posteado en Disociación en puerta, Error de sintáxis con etiquetas, , , , sobre Julio 16, 2008 por Tita

María Desgracia, algunos la recordarán, otros no… En fin, estuvo presente en todos mis blogs, y ahora no puedo dejar que su recuerdo desaparezca… Acá van, todas juntitas, las reseñas de la vida de esta mujer que no tiene mucha suerte…

Diario de María J. Desgracia

Día 1
Ayer llegué del trabajo totalmente exhausta, cansada, dolorida, agotada y decidí sentarme a tomar mate, nada más. Un mate. Puse el agua, preparé la yerba, el mate y la bombilla, y me senté. Sólo quería tomar mate, pero las cosas se desviaron.
Sucede que mi madre arribó a casa. Ustedes dirán - ¿Qué problema hay? – y yo les responderé – Ninguno-, y ustedes pensaran – Entonces, ¿Para qué lo decís?- pero como yo no sé leer la mente supongo que simplemente no me enteraré. Volvamos al tema. Estábamos en que había llegado mi progenitora. Haciendo un esfuerzo de voluntad me quedo en mi lugar tomando mate ante la inevitable acción de tener que convidarle. Le convido. Ella toma, me lo devuelve y me dice –Está tan rico que da asco- todavía no sé si en broma o en serio. Le respondo con una mueca que en el fondo quiere decir –Tranquilidad… Tranquilidad…- Sigo cebando. Ahora no comenta nada, pero termina cada mate con un ¡Wadg! (exactamente así como se lo están imaginando). Me resigno. - ¿Querés que lo arregle?- le pregunto tratando de calmar mi instinto asesino. – No. ¿Para qué?- responde con un dejo de humildad. Intento pensar en un paisaje calmo, con pajaritos y todo. No lo logro. Me propongo como meta en esta vida cebar toda la pava sin que ocurra ningún incidente, entonces no digo nada.
En el medio de este suicidio lento disfrazado de “tarde de mate” no sólo tengo que aguantarla a ella sino que se adjuntan a la tertulia cinco de sus amigas. Mi cara se transforma, mis ojos luchan por salirse de sus órbitas, pero me contengo. Ideo un plan para salirme diplomáticamente de ese aquelarre. Fracaso rotundamente. Lo primero que me dicen es -¿vos estás un poco más gordita, no?- si- respondo- engordé 13 kilos… -Se nota- dice una de ellas mirándome y sonriendo a la vez. Era el momento justo para gritar una barrabasada, pero logro domarme. A pesar de mi esfuerzo inhumano la vena de mi cuello se va hinchando cada vez más. Sigue por acá